Ideas preliminares al curso de proyecto urbano
Flavio Janches

La ciudad de Buenos Aires es obviamente el marco referencial de la mayoría de nuestros trabajos academicos, ya que su estructura formal y funcional constituye la representación mas acabada del fundamento cultural de nuestra sociedad. Es por eso que el taller de arquitectura liga, como ya se dijo, sus procesos de investigación al conjunto de influencias que perturban (positiva o negativamente) el esquema urbano original, determinando así, no solo un esquema formo-funcional de transformación o adaptación, sino también una metodología de comprensión y diagnóstico de los acontecimientos y patologías que conforman nuestro verdadero conflicto metropolitano.
De esta manera los resultados no dependen únicamente de la definición del espacio proyectado, sino también de las tensiones que las nuevas estructuras provocan, ya que su combinación con dinámicas sociales superpuestas, contradictorias o complementarias es donde se construye las múltiples resultados simultáneos.
Sin embargo muchos de los programas de proyecto urbano que se plantean la universidad evitan en sus hipótesis de trabajo indefiniciones provocativas, focalizando los resultados en factibilidades de negocios inmobiliarios, que reducen el conflicto urbano a valores de intercambio. Estos proyectos apoyados principalmente en los emprendimientos característicos de la economía global, definen en abstracciones geométricas, el conflicto multidimensional de la metrópolis moderna.
Efectivamente esta forma de organizar el espacio urbano sobre planimetrías abstractas, es la metodología de construcción adoptada por los centros financieros (relacionados a la red económica mundial) que determinó el sistema urbano “posmoderno”.
Estos planes de intervención, naturalmente continuadores de las estrategias de lo que Ulrich Beck llama la “primera modernidad”
[1], representan en sus planos un espacio-tiempo homogéneo y único, construyendo una imagen de ciudad que al igual que en las visiones utópicas de la ciudad moderna perfecta, -según palabras de Adrián Gorelik[2]- define a la ciudad “en la abstracción y racionalidad urbanística del plano”. Es por eso que los lugares deshabitados, alejados de las dis-funcionalidades de la ciudad tradicional, son el ambiente propicio para materializar estos proyectos estrictos, detallados y exhaustivos.
Este modelo de intervención que consolida lo que Saskia Sassen define como la red de “ciudades globales”
[3] en nodos jerárquicamente funcionales a los centros de decisión, introdujo en la ciudad, morfologías reconocibles caracterizadas por su alto grado de homogeneidad internacional y por su independencia de las particularidades locales.
La dialéctica que así se genera entre contexto local e ideología global es la manera de concebir la ciudad neoliberal de los ´90, ya que efectivamente, el capitalismo global, apoyado en su carácter de no-pertenencia y de universalidad, posee en su ideal multicultural, el espacio que le permite mantener su posición distante con la realidad local, respetando a su vez su valor original. Según Slavoj Zizek, este espacio desde “donde se aprecia (o desprecia) la propia cultura local, permite a esta lógica social, consolidar su propia superioridad y su privilegiado vacío de pertenencia”
[4].
La ideología de esta planificación despolitizada del contexto local, construye en esta distancia respecto de un Otro real su proyecto liberal democrático. Zizek resalta la contradicción de esta ideológica, ya que en su “tolerancia liberal que excusa al Otro folklórico (privado de su sustancia como la multiplicidad de comidas étnicas en una megalópolis contemporánea), denuncia al Otro real por su fundamentalismo, ya que es este Otro real por definición violento, y nunca el Otro de la sabiduría etérea y de las costumbres encantadoras.”
[5]
Sin embargo la existencia del Otro como ámbito referencial le permite, constituirse en un hecho cultural definido, ya que es en los “ojos ajenos” donde sus estigmas son reconocidos y su prestigio consolidado.
Sobre el mismo tema, Frederic Jameson sostiene que este “espejismo objetivo determinado en la cultura, no es una sustancia o un fenómeno propiamente dicho, ya que surge de una relación entre, por lo menos, dos grupos. Es decir que ningún grupo “tiene” una cultura solo por si mismo, la cultura es el nimbo que percibe un grupo cuando entra en contacto y lo observa [...] ese espejismo objetivo por el cual el Otro se ha formado una imagen de nosotros como poseedores de una cultura”
[6].
Es por esto que los mecanismos de consolidación urbana están basados en juegos de valoraciones comparadas, que definen, en la diferenciación y la desigualdad de identidades, los sistemas de segregación del uso y de estructuración del espacio.
[7]
García Canclini interpreta, en sus mapas interculturales, la simbología socio-representativa de esta producción de desigualdades y diferencias. Para él “son los hechos culturales los que funcionan como principios de selección o de exclusión urbana de determinados grupos sociales y donde las relaciones de fuerza y las leyes de interacción desigual vinculan a las clases de una misma sociedad.”[8]
Es entonces en las combinatorias, contradicciones y comparaciones de estos proyectos culturales, donde se reconoce los niveles de integración comunitaria.
Es así como la ciudad se define en un marco alternativo al configurado en la geometría abstracta, ya que es en esta repetición de acontecimientos ordinarios y extraordinarios de actividades cotidianas, donde se construye el “Urbanismo como forma de vida”. Margareth Crawford, define este modelo de construcción urbana sobre “la experiencia del hombre como hecho no objetivisable y que se auto-organiza sobre eventos individuales y compartidos, y sobre rutinas banales como trabajar, descansar, moverse, comprar y comer. Esta totalidad ordinaria revela en la repetición de los ritos una trama de espacios y tiempos, una manera del ser-ahí en un contexto eventual cualificado por sus prácticas sociales, accidentes, deseos y hábitos que definen un importante número de significados sociales, espaciales y estéticos.”
[9]
Los eventos de la cultura vernácula, (ya sean actividades domésticas, deportivas, religiosas o tradicionales), construyen así lugares urbanos de formas espaciales distintivas. Estas actividades son en sí mismas arquitecturas, siendo su expresión, ya sea por repetición o por renovación constante, la forma especifica del espacio urbano.
[10]

“Las diferencias que separan la vida de los habitantes urbanos entre si, mientras se superponen, constituye la forma primaria del intercambio social en la ciudad. La intersección entre un individuo o grupo definido y el resto de la ciudad en el espacio de todos los días, acumuladores de las múltiples transacciones sociales y económicas, es el lugar más potente del urbanismo cotidiano.”
[11]

Es entonces en estas Especies de Espacios –parafraseando a George Perec-, donde la ciudad construye “el espacio que habla del espacio tejido por la multitud de nociones configuradas habitualmente como espacio. Es el espacio tan cotidiano y familiar de nuestro hábitat urbano el que adquiere el estatuto de protagonista. Este espacio como objeto contiene una multitud de objetos, que se convierten también en objeto junto al espacio que los abarca para ser aprehendidos, escritos, representados, leídos, gozados, manipulados o incluso destruidos (en el sentido de olvidados).”
[12]

Investigar en el taller de arquitectura sobre áreas periféricas (internas o externas) crea el marco ideal para definir no solo modos de intervención en zonas de conflicto, sino para forzar también la utilización de metodologías de trabajo fundamentadas en el espacio cotidiano como pauta conceptual.
Sin embargo la experiencia humana que define el carácter de lo preexistente, sirve tanto para el caso de zonas marginadas como para zonas integradas, ya que como dice Crawford, son los eventos urbanos ante todo productos sociales creados sobre la demanda del uso diario y de los problemas sociales de los habitantes. Diseñar dentro de este espacio de todos los días permite entonces, “complementar el discurso de diseñador profesional definido en principios abstractos, cuantitativos, formales, espaciales y perceptivos, entendiendo y aceptando la vida que pasa en el lugar.”
[13]
La elección del ámbito de intervención para el trabajo de investigación debe por lo tanto tener un doble objetivo, la de producir, por un lado propuestas coherentes y superadoras, y por el otro la de forzar procesos de construcción de programas definidos en la elaboración de mapas subjetivos[14], como forma de lectura de las preexistencias.
De esta manera la nueva forma urbana no estará basada solamente en aspectos de apariencia y configuración, sino en, como apunta Jorge Jauregui “en nociones de articulación socio-espacial, de dignificación del espacio de uso público y habitacional y de pertenencia ciudadana, ligando las propuestas futuras con los significados y los valores que la comunidad convalida, reconoce y ejercita, con el pasado que recuerda y con el futuro que anhela”.
[15]
El concepto de “acontecimiento” desarrollado por Deleuze complementa esta concepción de ciudad experiencia. Ignasi Sola Morales en su artículo Lugares: permanencia o producción[16], relaciona ambos conceptos, acontecimiento y lugar dentro de los parámetros Deleuzianos. Para él “la cultura del acontecimiento es aquella que, en el momento de la fluidez y de la descomposición que lleva hacia el caos, es capaz de generar momentos energéticos capaces de cribar este caos, de tomar algunos de sus elementos para construir, desde el presente, hacia el futuro, un nuevo pliegue en la realidad múltiple. Lo que eran muchos (many), se repliega en un alguno (any) que puede detenerse en un único (one).”[17]
Los proyectos en la ciudad pueden, como procesos de estimulación y perturbación, potenciar otras fuerzas e inercias de evolución reorganizando el espacio resultante en una nueva jerarquía de propiedades ya existentes. Así las decisiones resultantes pueden ser adaptadas o modificadas de acuerdo al alto grado de impredecibilidad de los resultados.
Bajo estas reflexiones es posible desde la arquitectura provocar transformaciones urbanas que, como propone Jameson, inventen una forma de articular entre sí las dos dimensiones que corresponden a las funciones de lo imaginario y de lo real.
[18]
De esta manera la noción de espacio urbano se reposiciona en una categoría alternativa a la definida en aspectos dimensionales, para que su nuevo valor sea establecido en la percepción humana y en los mecanismos de relación con el entorno inmediato.

[1] Beck Ullrich. Libertad o capitalismo. Conversaciones con Johannes Willms. Paiso Estado y Sociedad. 2000
[2] Gorelik Adrian, Imaginarios urbanos e imaginación urbana. Para un recorrido por los lugares comunes de los estudios culturales urbano. EURE v.28 n.83. Santiago.2002
[3] Sassen Saskia, The Global City.
[4] Zizek Slavoj. Reflexiones sobre el multiculturalismo. La ideología subterránea. Paidos 1998
[5] Ibíd
[6] Jameson Frederic. Sobre los estudios Culturales. La cultura y la libido grupal. Paidos 1998
[7] Gravano Ariel. Antropología de lo barrial. Estudios sobre producción simbolica de la vida urbana. Editorial Espacio. Buenos Aires 2003
[8] Canclini Garcia Nestor. Diferentes, desiguales y desconectados. Mapas de la interculturalidad. Gedisa. 2004
[9] Ibid
[10] Janches Flavio. Ciudad Formal, Ciudad Informal Estrategias de intervención FADU – UBA 2003
[11] Crawford, Margaret. Everyday Urbanism. Monacelli Press. 1999
[12] Camarero Jesús. Escribir y leer el espacio.
[13] Crawford, Margaret. Everyday urbanism.
[14] Como representar entonces esta exploración espacial asociada a modelos de reconocimiento subjetivo. Jameson en su artículo sobre la abolición de la distancia critica, elabora sobre estas cuestiones espaciales sobre la nueva (hipótesis) forma cultural como estética de los mapas cognitivos. “El modelo que trata los problemas de la representación, no imitativa, permite por los problemas teóricos que plantea, una renovación del análisis de la representación en un nivel más elevado y mucho más complejo. Un nuevo mapa cognitivo en el más riguroso contexto de la vida cotidiana en las condiciones materiales de la ciudad, permite al sujeto individual representar su situación en relación con la totalidad amplísima y genuinamente irrepresentable, constituida por el conjunto de la ciudad como un todo. Es por eso que el mapa cognitivo exige la combinación de datos puramente vivenciales (la posición empírica del sujeto) con concepciones abstractas y artificiales de la totalidad geográfica.” Esta dialéctica cartográfica es para Jameson una alternativa de los códigos de representación y de las posibilidades de los distintos lenguajes y medios, para incluir en una nueva manera de concebir nuestra situación individual y colectiva, la dimensión de lo Simbólico.
Para Deleuze y Guattari el mapa no reproduce directamente un objeto cerrado sobre sí mismo, sino que es algo que se construye decodificando los rituales y acontecimientos, haciéndolos inteligibles. En su ensayo “que es la filosofía” lo definen como algo “abierto, conectable en todas sus dimensiones, desmontable, alterable, susceptible de recibir constantemente modificaciones. Puede ser roto, alterado, adaptarse a distintos montajes, iniciado por un individuo, un grupo, una formación social. Puede dibujarse en una pared, concebirse como una obra de arte, construirse como una acción política o una meditación. […] el mapa es asunto de performance.”
[15] Ibíd
[16] Ignasi Sola Morales relaciona el concepto moderno de lugar a la reflexión de Deleuze del acontecimiento como vibración como punto de encuentro, como puntos nodales en las líneas de recorrido. El acontecimiento es para Sola Morales (partiendo de Deleuze) una aprehensión, el resultado de la acción de un sujeto que en el fluir caótico de los acontecimientos atrapa los que mas le atraen o mas le conmueven para retenerlos. Es una acción subjetiva. Produce un momento de gozo y de una frágil plenitud.
[17] De Sola Morales, Ignasi. Diferencias. Topografia de la arquitectura contemporanea. Lugar: permanencia o producción. GG. 1995 España
[18] Jameson Frederic

1 comentario:

Anónimo dijo...

Los felicito por la charla organizada. He sido critico de la organizacion, pero hoy debo decir que lograron algo que nadie hizo en los 16 años que tengo de facultad. Fue muy emocionante haber podido estar alli.
Gracias,
Santiago

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MENSAJE LCJ 2015


El diseño como investigación, define en su propia experiencia, estrategias que anticipan o modifican los procesos proyectuales.
Esta posibilidad de interferir en el pensamiento disciplinar,
es uno de los valores del trabajo universitario,
ya que es en el conjunto de sus resultados desde donde se consolida la evolución del conocimiento disciplinar.

La cátedra LCJ busca, desde estas premisas, consolidar respuestas asociadas a parámetros que exceden la especificidad del programa a resolver.
Estas temáticas de investigación son entonces una forma de provocar, en discusiones grupales de taller, aspectos que involucran entre otros temas, gestión socio-territorial,
identidad cultural, y eficiencia medioambiental.

Es por eso que para el año 2015 hemos decidido tomar, como contexto especifico de trabajo, frentes costeros, para construir, en propuestas de taller, pautas proyectuales asociadas a las propias dinámicas (imaginario colectivo y tecnológico) del lugar. Cada nivel evaluara así, de acuerdo a sus objetivos académicos, formas paradigmáticas de integrar arquitectura y paisaje.